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ALMAGRO,
por Pedro Almodóvar
Lo mejor, sin duda, es pasear
por la noche, camino del hotel, y descubrir que mis paisanos
continúan sentándose en la acera de su puerta,
en sillas de enea, para tomar el fresco. Creía que
esta costumbre ya había desaparecido, pero no, la
familia entera se sienta casi sin hablar a disfrutar de
la brisa que recorre las calles antes y después de
medianoche. El tiempo se detiene. Saludamos a cada grupo
familiar que encontramos a nuestro paso y ellos nos responden
a coro y nos contagian su silencio tan balsámico.
Hemos terminado la primera
semana de rodaje. Yo me he venido a Madrid el viernes después
de la jornada. Las “chicas” y la mayor parte
del equipo se han quedado en Almagro. Las echo de menos
y me gusta. En la soledad madrileña me concentro
mejor y prefiero sentir nostalgia del rodaje y verlo desde
aquí con perspectiva. Me alejo de Almagro para poder
añorarlo.
Siento que cada nueva película es más autobiográfica
que la anterior. Al menos, yo soy mucho más consciente
de cómo mis recuerdos se pasean por los decorados
como la brisa por las calles de Almagro, en la noche.
Oír hablar a Chus
Lampreave es oír a mi madre, los barquillos (repostería
local) que les entrega para el camino a Lola Dueñas
y a Penélope Cruz los ha hecho mi hermana María
Jesús, y el pisto. Cuando tengo alguna duda llamo
a mi otra hermana, Antonia, que guarda los recuerdos de
nuestra infancia intactos. Le he preguntado hasta qué
tipo de trapos y cepillos se llevan al cementerio para limpiar
las tumbas. Mi madre le dejó como herencia el respeto
a todos los ritos sociales, religiosos, familiares y vecinales
de la Mancha profunda.
Todo es ficción,
de todos modos en "Volver". Pero el mejor modo
de contar la ficción (al menos, para mí) es
vestirla de realidad. Realidad y ficción se funden
sin confusión. Siento que ahora puedo dialogar directamente
con la película que hago. Éste no es un sentimiento
endogámico ni nostálgico, pero ahora acepto
con mayor naturalidad que las películas son mi vida
y que proceden (y a veces la preceden) de ella.
El primer día de
rodaje Penélope me ha entregado un regalo muy especial,
llevaba tiempo anunciándomelo. Es un libro, perfectamente
encuadernado e impreso, de los últimos cinco años
de nuestra relación. “Pedro y yo” se
llama. Tiene la forma y el volumen de un coffee table book,
con más imágenes que texto. Los textos son
una antología de todos los emails que hemos intercambiado
en los últimos años. Las imágenes representan
nuestra historia común desde que hicimos “Carne
Trémula”. La noche invernal de Madrid. Su parto
en el autobús, ayudada de Pilar Bardem. Nuestros
viajes de promoción. El desierto de Palm Springs,
donde acaban sus días disecados por el sol las viejas
estrellas de Hollywood. Los paseos por Central Park. Nuestras
comidas en el Sunset Marquis con Billy Bob Thorton o Salma
Hayek. Abrazos y premios. Fotos a lo largo de Sunset Boulevard
con los billboard que la jalonan. Modelazos (los de ella)
y mi fiel smoking todo negro de Armani. Las horas sonrientes
y tensas, dentro de las limusinas. Abrazos en Madrid, en
Nueva York, en L.A., en París, en Cannes. Mejilla
con mejilla. El paso del tiempo es más evidente en
mí, ella empieza con cara de niña y termina
en su actual esplendor.
Leer los mensajes me produce una impresión rara.
Son tan reales. Ella es muy escueta, y se nota que me provoca
para que le cuente cosas porque piensa hacer con todo ello
un libro. Todos mis estados de ánimo aparecen en
mis mensajes, me ha censurado algunos cotilleos, por si
alguien lo lee. Pero en los textos consigo verme con los
ojos de un espectador furtivo.
Regalo maravilloso.
Hoy dejamos Almagro. Escribo
en un patio invadido por material eléctrico y mecedoras
con un cartel de no sentarse. Es la una de la tarde, todos
los planos que nos quedan ocurren en la calle y al menos
hasta las cuatro es imposible rodar porque el sol se multiplica
en la paredes blancas, la luz es cegadora y demasiado plana.
Tenemos que esperar. El equipo se ha dispersado, en estos
momentos me gusta quedarme en alguno de los decorados interiores
sin vida, y disfrutar de la soledad, del desorden de los
objetos y del silencio.
Durante estas dos semanas el contacto con la gente del pueblo
ha sido maravilloso. Tanto los que nos cruzamos por la calle,
como los que han trabajado en calidad de figurantes. En
la mitad de las secuencias manchegas intervienen grupos
de mujeres y de hombres y debo decir que nunca he tenido
mejores figurantes. Hay algo impagable, todo lo que tienen
que hacer delante de la cámara coincide con su propia
vida. Su presencia les ha dado a las secuencias donde han
intervenido hondura y verdad. Las mujeres de aquí
saben muy bien lo que es limpiar una tumba, rezar en un
duelo, saludar a las vecinas, etc. Y los rostros de los
hombres curtidos por el sol y el aire de cada día
poseen un peso y una expresividad imposible de improvisar.
Ayer cuando me dirigía
al catering me encontré con un joven que me deseó
suerte en el rodaje. Parecía muy enterado (especializado,
diría yo). Me preguntó si la película
tenía alguna relación con “Pedro Páramo”,
la obra maestra de Juan Rulfo. Al principio pensé
en el título, que incluye mi nombre y la palabra
“páramo” que de algún modo evoca
la llanura de gran parte de la geografía manchega
donde crecí. También pensé en la otra
obra maestra de Rulfo, “El llano en llamas”.
En “Volver” los padres de las protagonistas
mueren calcinados en un incendio provocado por el viento
solano. La pregunta me sorprendió, pero de todos
modos contesté (halagado). Nuestro diálogo
fue el siguiente:
Puede que la historia de "Volver" evoque la de
"Pedro Páramo", pero mi guión no
tiene nada que ver con la novela excepto la naturalidad
con la que en ambos conviven los vivos con los muertos,
lo real con lo irreal, lo fantástico con lo cotidiano,
lo imaginado con lo vivido, el sueño con la vigilia.
Me gustaría que durante la visión de la película
(como con la lectura del libro) el espectador se sintiera
invadido por una sensación onírica permanente.
Sueño que el espectador, aunque esté despierto,
se sienta atrapado en un sueño que no es otro sino
mi película. De todos modos la novela de Rulfo es
furiosamente mejicana y el guión de “Volver”,
furiosamente manchego.
¿Le gustan las películas con fantasmas?
En general no. Me interesa cómo tratan Buñuel
o Bergman la aparición de los muertos, sin cambiar
la luz ni crear un efecto extraordinario. Los fantasmas
aparecen sin efectos pirotécnicos delante de la persona
que los piensa. Son fantasmas interiores. Me gusta "Rebeca",
de Hitchcock y “Vértigo”. Y "Sunset
Boulevard", donde el protagonista que flota muerto
en una piscina, habla de sí mismo cuando estaba vivo
como de un fantasma, atrapado en los deseos de otro fantasma
(Norma Desmond, a su vez cuidada por el fantasmagórico
Erich von Stroheim). William Holden vivo es el fantasma
de Willian Holden ahogado. Una maravilla del uso de la voz
en off, imitadísimo después. Tourneur también
me gusta, cuando cuenta historias de seres de otras especies.
En general no me gustan las películas de miedo con
fantasmas (M. Night Shyamalan), ni las películas
con ángeles, ni con presidentes de Estados Unidos
salvando continuamente el mundo.
¿Qué fantasma evoca “Volver”?
No es un fantasma, pero toda la película está
impregnada de la presencia de mi madre ausente.
¿Había algún fantasma en “La
mala educación”?
Mi infancia, el recuerdo convertido en leyenda. También
resultó bastante fantasmal uno de los actores, pero
esa es harina de otro costal.
Llegado a este punto, decido terminar este diálogo
que no es sino un monólogo.
P.D. Tengo
la sensación de que me ha salido un capítulo
bastante ñoño. Pero es que he gozado mucho
estas dos últimas semanas y la felicidad no es buena
inspiradora. Me han hecho gozar las actrices, todas ellas.
La belleza, frescura y visceralidad de Penélope,
la abrasiva mirada de la adolescente Yohana Cobo. La intensidad
y la verdad de Lola Dueñas. La facilidad y precisión
de Carmen Maura, capaz de emocionar en el acto, sin ensayos
ni tomas previas. Y la contundente revelación, sublime,
certera, de un auténtico animal cinematográfico:
Blanca Portillo (mezcla de María Casares y las hermanas
Gutiérrez Caba).
Gracias a todas ellas.
(11 de agosto
de 2005)
©Pedro Almodóvar
Este
texto no puede ser reproducido ni total ni parcialmente
sin autorización expresa del autor.
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