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"Son de mar"
en palabras de Bigas Luna
3ª Parte
GUSTOS
E INFLUENCIAS
A
mí lo que más me gusta es la vida y tiene dos
cosas fundamentales sin las cuales no existiría:
la comida y las relaciones sexuales. A mí me gusta
sublimar esto: la parte intelectual de la comida,
la sofisticación de esa cosa animal que es comer.
Con el sexo ocurre lo mismo, una cosa que era
animal, un señor y una señora como perritos, se
ha sofisticado con el erotismo. Mi teoría es que
el erotismo lo inventó la mujer cuando, estando
como un perrito, ella se dio la vuelta y miró
a los ojos al hombre.
El
aceite de oliva, el ajo y una cara bonita, son
nuestros mejores patrimonios.
El
director que más me interesa, por la proximidad,
es Buñuel. Me gusta porque lo comprendo perfectamente,
su mala leche, su sensualidad, su sequedad. Hitchcock
tiene algo que a mí me pasa también: la precisión,
la artesanía de rodar un plano, los guiones rompecabezas.
Para mi Hitchcock son las manos, el artesano,
Buñuel es el ojo, por el hecho de él mirar algo
eso se transforma.
Me
interesa todo el cine mudo, me gusta trabajar
el sonido y las bandas sonoras, pero en el fondo
el sonido a empobrecido la imagen. Los actores
antes se esforzaban mucho más para expresar una
idea Por ejemplo para decirle a la chica que la
quiere, hacían unos gestos, con unas luces que
les quemaban, ahora le dice "te quiero" y se acabó.
A mis alumnos les pongo las películas mías antes
de estrenarlas sin sonido para ver qué han entendido,
una película se tiene que comprender sin sonido.
El cine mudo es perfecto para aprender a narrar.
Mis
dos películas favoritas son "La edad de oro" de
Buñuel y Dalí y "Amanecer" de Murnau.
RAREZAS
EN BLANCO Y NEGRO
Todo
lo que pinto es en blanco y negro, pero en cine
me cuesta muchísimo. Sólo he utilizado el blanco
y negro en mi primera película que es en 9mm,
"Los paisanos", donde rodé los tics animales de
la gente en la playa, también en una cosa que
rodé de los bautismos de los testigos de Jeová
en unas piscinas enormes.
Otra
cosa que filmé en blanco y negro está inspirada
en una historia que leí de una señora que se hizo
un collar de moscas vivas y se extasiaba con el
placer que las temblorosas patitas y las alas
producían en su piel. Como yo con las moscas tengo
una relación muy rara, quise probarlo con un tío
que hacía reportajes para el National Geographic.
Vino con su mujer a mi casa tres días -una pareja
de lo más peculiar que dedicaban su vida a fotografiar
insectos- y yo iba a buscar las moscas, las dormíamos
con cloroformo e hicimos el collar de moscas vivas.
Grabé el reportaje en blanco y negro y cuando
lo pongo en casa mi mujer me dice que lo quite
porque la gente se desmaya con los planos macro
de las moscas atravesadas.
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