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Entrevista
con Iñárritu
Con 37 años y una opera
prima llamada "Amores perros", el director mexicano
Alejandro González Iñárritu se estrena en el cine
con fuerza y solidez pasmosa. "Me gustan las relaciones
humanas -apunta-, las emociones, la complejidad,
retratar lo vulnerable que somos y los cambios
de puntos de vistas. Donde más me siento a gusto
es teniendo a dos actores en una situación difícil".
En exclusiva y entrevistado en La Habana durante
el XXII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,
en diciembre último, Iñárritu reveló que el éxito
no deja de ser un camino incómodo. Su cinta,que
fue nominada a los Golden Globe en la categoría
de mejor filme extranjero, fue desplazada por
la del consagrado realizador de origen taiwanés
Ang Lee, "Crouching Tiger, Hidden Dragon". Alabada
en Cannes, Cuba y Estados Unidos, Amores perros
ha despertado elogios en críticos y público.
¿Cómo
comenzó en el cine?
Soy
autodidacta. No creo que el cine esté en la universidad
o los libros, sino en la vida misma. Hay que atraparlo
a mordidas. Me acerqué a él gracias a la radio
y la publicidad, también con un mediometraje que
hice para Detrás del dinero, una serie de televisión.
Viví muchos días al año dirigiendo para mí pequeños
bocetos o sketchs que escribía y eso dio la posibilidad
de poder enfrentarme a la herramienta, a la técnica
para poder entenderlo. Amores perros significó
saber que puedo contar una historia, creo. Es
una película que fue muy importante desde su inicio,
no solamente para mí, sino para todos los que
nos involucramos, actores, técnicos y el escritor
Guillermo Arreaga. Era como la pérdida de la virginidad,
un momento muy importante donde se entrega mucho
más que un trabajo sino una parte de uno mismo.
El cine es una extensión del ser humano, y eso
es Amores perros.
Los
cineastas quisieran comenzar haciendo una película
como la suya. ¿Le fue difícil?
Nunca
me planteé si iba a ser exitosa. Era una necesidad
de sobrevivencia. Con ella estoy en una encrucijada,
pues la segunda se me hará más difícil. Pienso
que con un gran fracaso es más duro levantarse.
Pero el éxito no deja de ser un camino incómodo.
Prefiero ser como una joven promesa que un viejo
consagrado. La mayoría de los directores quieren
que su primera obra sea vista por mucha gente.
El fracaso es mejor siempre que lo lleves con
dignidad. Cuando alguien lo toma de forma positiva
engendra grandes proyectos y ambiciones. Desde
el punto de vista práctico te deja soledad y el
tiempo y espacio para estar contigo y poder replantearte
una serie de cosas, y su porqué.
Hay en su opera prima una búsqueda de otra
manera de decir no tradicional. Algunos ya vaticinan
con su obra una ruptura en la manera de hacer
cine.
Hay
una forma de ser, más que una búsqueda. Me encuentro
ahí. Hice eso siempre en mis trabajos de radio
y publicidad. No fue una decisión estética. Es
parte de mi personalidad, de lo que me ha tocado
vivir.
La
crítica ha llegado a comparar a Amores perros
con Pulp fiction, incluso subraya que González
Iñárritu deja atrás a Tarantino.
A
los críticos les encanta comparar para poder entender
en qué terreno están caminando. Si bien la estructura
es similar a Pulp fiction -cosa que no fue inventada
con ese filme pues se halla en Rashomon
y en la literatura en Faulkner, Borges
o García Márquez o en el propio Callejón
de los milagros- obedeció a una esencia de
la historia. La contábamos así o no se podía hacer.
Sin embargo, la esencia de la película está muy
lejos de la de Tarantino. No sé si es mejor o
peor, eso no me toca decirlo a mí. Me parece que
en Pulp fiction hay una exploración de la violencia
como producto de entretenimiento, lo cual a mí
no me hacer reír porque la vivo en mi ciudad y
sé lo dolorosa que es. Exploro la violencia a
partir del dolor humano y la dimensión que genera
eso. Esa es la abismal diferencia entre las dos
películas.
La
vida es una gran carrera de pérdidas. Pierdes
la niñez, tus padres, el pelo, la inocencia y,
al final, la vida. En mi filme se ve a un Octavio
que descubre su sexualidad y pierde su pureza,
a la novia, el perro, amigo y hermano; la modelo
la pierna; el otro a su familia. Trata sobre amor-muerte-redención,
sobre la dolorosa experiencia de aprender a amar
a alguien y a uno mismo. Está además la relación
del padre que no existe, abandona y regresa, la
violencia familiar, la falta de fraternidad, Caín
y Abel en las tres historias. Es compleja.
Me cuesta trabajo describirla. Contiene demasiados
ingredientes.
Amores
perros es una pequeña biopsia de la dolorosa condición humana,
de la compleja experiencia de estar vivos. A nivel personal
retrata un pedazo de este mosaico que es Ciudad de México.
Es una película que está a carne viva. Es una realidad no
exaltada, es la realidad de todas formas. A todos nos pega,
es un escopetazo del que salen miles de municiones y, por
más que quieras apartarte, te pega.
¿Qué
piensa de la violencia?
Es
parte de nuestra naturaleza, lamentablemente.
Lleva mucho dolor, para quien la genera o la recibe,
también confusión. Ese estar en contra de nuestra
naturaleza forma parte de nosotros.
¿Busca
algo especial con las historias?
Poder
conmover, o mejor, conmocionar. Me gusta unir
imágenes que no tienen nada que ver por yuxtaposición,
crear una alquimia de situaciones de crisis o
alivio. El cine finalmente es una terapia colectiva,
donde todo el mundo se encuentra, unos lloran,
otros ríen, otros se encierran en sí mismos, se
enojan. Cumple una función casi sicológica. Me
encanta desembocar o desatar cientos de emociones.
El
cine latinoamericano ha pecado muchas veces de
ser muy local e ideológico a ultranza. Sin embargo,
su película rompe con ese discurso, logra trascender
como una obra universal, su historia puede ocurrir
en cualquier parte del mundo. ¿Cree que haya modo
de superar esa crisis que se da en cierta filmografía
de la región?
Cada
cineasta es distinto. Creo que quizá lo que hace
falta es un poco más de rigor y menos autocomplaciencia
de directores, productores y público. Es muy importante
subordinar todo a la historia y los personajes.
Solamente perdiéndose en ellos es cuando uno se
gana a sí mismo y la obra tiene luz propia. Queriéndola
ganar por alguna ideología, mensaje, posición
política o personal se afecta la historia y pierdes
todo.
¿Piensa
ya en otra película?
Estoy
trabajando en dos proyectos, uno es con Guillermo
Arreaga y se llama 21 gramos. Soy bastante
neurótico, quién sabe cuando voy a acabar. Recibo
ofertas de diversas partes del mundo, pero realmente
no me ha apatecido tomar ninguna. Quiero enfrentar
las cosas con calma, con la energía física y mental
que se necesita para emprender proyectos de esa
naturaleza. ¿Prefiere seguir tocando el drama
humano? No huyo de eso. Lo disfruto. Es parte
del espíritu.
Esta
entrevista ha sido realizada por Manuel Zayas.
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