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"HISTORIAS
MÍNIMAS "
NOTAS DEL DIRECTOR
Hace
unos años recibí el encargo de filmar un comercial
para una compañía telefónica en un pueblo
perdido en la estepa patagónica, al cual llegaba por
primera vez el teléfono. Como el tema del comercial
era precisamente ése, hicimos en Buenos Aires un casting
de actores que iban a representar a los ansiosos pobladores.
Cuando
llegué al pequeño pueblo, el día anterior
al rodaje, percibí que la gran excitación que
había entre sus 150 habitantes, no se debía
tanto a la filmación, sino al teléfono. En ese
momento me di cuenta de que no tenía sentido filmar
una representación de algo que tenía en la realidad
delante de mí. Así que dejé a la troupe
de actores en un hotel de una población cercana y al
día siguiente filmé con los verdaderos pobladores.
Ellos
trajeron a sus niños, sus mujeres, los número
telefónicos anotados en la palma de la mano (muchos
de ellos hablaron con sus familiares lejanos por primera vez),
asaron corderos y transformaron el día de rodaje en
una gran fiesta. El material negativo, que no es sólo
sensible a la luz, registró ese sentimiento y el impacto
del comercial fue sorprendente. Transmitía algo verdadero,
algo auténtico; totalmente ajeno al mundo de la publicidad
y la televisión.
A
partir de ahí tuve permanentemente la idea de afrontar
la realización de un film de ficción con no
actores, como otra forma de encarar el tema de la realidad
y su representación. "Historias mínimas"
nace de esa idea. Boceteamos con Pablo Solarz tres historias
ambientadas en el Sur y, sin concluir el guión, comenzamos
un casting amplísimo por los pueblos. Horas y horas
de grabación, cientos de personas que desfilaban delante
de la cámara sin una indicación especial. Luego
de una primera selección reescribimos el guión
en función de los preelegidos. De esa forma, cuando
comenzó el rodaje, la persona y el personaje casi se
sobreponían y cuando decíamos "¡Corten!"
todo seguía más o menos igual.
Trabajar
con no actores requiere una puesta en escena muy flexible,
con pocas indicaciones y ninguna marca. Rodamos con dos cámaras
super 16 mm. montadas en steadycam para tener una rápida
reacción a lo que pudiera pasar. Cada toma era, en
cierta medida, única e imprevisible. Filmamos en la
Patagonia, territorio de mesetas infinitas y rutas interminables.
Es difícil filmar en la Patagonia sin terminar haciendo
una road-movie. Las distancias y los viajes ocupan una buena
parte de los proyectos y deseos de sus habitantes. Por eso
"Historias mínimas" es una road-movie. Los
personajes atraviesan con sus pequeñas historias los
inmensos paisajes prehistóricos. Siempre me atrajo
ese contraste entre los personajes y escenarios, quizá
porque habla de la precariedad de los deseos 
Carlos
Sorín
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