EL SUEÑO DE VIDA DE PATTI SMITH |
24/11/2009 |
He tenido la oportunidad de ver Dream of Life (Palm Pictures, 2007), el impresionante documental dirigido por Steven Sebring sobre la obra de Patti Smith, la poeta y cantante cuya vida ha transcurrido en un Nueva York por demás alucinante e inspirador. Lo singular del material es que está hecho en complicidad con ella, es decir, no aborda su vida desde una perspectiva lejana y didáctica, sino que es ella la que nos va llevando a través de distintos pasajes memorables (léase legendarios) de su asombrosa existencia, narrándolos desde su muy personal idea de la poesía. “La vida es una aventura de nuestro propio diseño, interceptada por la fe y una serie de afortunados y desafortunados accidentes.” Con esta frase e imágenes de caballos que corren en estampida, aludiendo a su primer álbum, el luminoso Horses, arranca el largometraje que ha recibido reconocimientos en festivales de cine como Berlín, Estambul, Milán, Viena y Río de Janeiro, entre otros. Enseguida, las anécdotas, una tras otra, se suceden. Una de ellas es la que está relacionada con la guitarra de palo en la que compone, una Gibson de 1939 que le regaló Sam Shepard en 1971 y que cuatro años más tarde afinara y tocara Bob Dylan. “Bonita guitarra”, recuerda Smith que dijo el autor de “Like A Rolling Stone” al abrazarla. Si bien la vida de Patti Smith ha estado colmada de momentos gratificantes, especialmente los que están ligados al culto a su obra y a su éxito como poeta y cantante de rock, también ha estado marcada por la muerte: Su marido, el músico Fred “Sonic” Smith, su hermano Todd; el pianista de su grupo, Richard Sohl; el teclista de su grupo, Ivan Kral, sus admirados amigos Willam Burroughs, Gregory Corso y Allen Ginsberg y su querido Robert Mapplethorpe, el fotógrafo, con quien mantuvo una fuerte relación antes de convertirse en cantante de rock. Sobre Burroughs, Smith narra que solía esperarlo en el lobby del Hotel Chelsea para salir con él, que pasaban la noche bebiendo en algunos de los bares de Manhattan y que, cuando la noche terminaba, ella lo escoltaba en un taxi, bebido y algo deseoso de la joven y talentosa mujer que lo acompañan, pero que la noche invariablemente terminaba con un resignado “querida, soy un homosexual”. “William Burroughs era nuestro ángel guardián”, afirma Smith, recordándolo sentado en una de las mesas más cercanas al escenario del célebre CBGB’s, el foro en el que la carrera de ella despegó a mitad de lo años setenta. Además de Dream of Life y de escuchar su trabajo musical, otras dos experiencias que en lo personal han intensificado mi pasión por la obra de Smith son: una, el haber leído su “Biografía no autorizada”, escrita por Victor Bockris (publicada en español por Mondadori) y, dos, haberla presenciado uno de sus afamados conciertos de retorno en el Teatro Wiltern de Los Ángeles, la noche del 23 de marzo de 1996 (sé la fecha porque conservo el boleto con fervor de fetichista). Retorno que Smith atribuye a Bob Dylan, su amigo, quien la invitó a abrir algunos conciertos con la perversa idea de regresarla a los escenarios. Esa noche mágica, en la que su repertorio se concentró sobre todo en el disco Gone Again, pero que también incluyó clásicas de años atrás (“Dancing Barefoot”) y homenajes a otros (“My Generation” de The Who), los amigos tenían que estar presentes, entre ellos Michael Stipe y Mike Mills de R.E.M. Fue precisamente Stipe quien sirvió de puente entre Smith y Sebring, él recomendó al fotógrafo para que hiciera una serie de fotos de ella para la revista Spin. La rápida amistad entre ambos derivó en la idea de registrar en video momentos de la vida de Smith, Y fue así, sin que ellos se dieran cuenta de las cosas, que surgió el proceso que culminaría en Dream of Life, el documental. Proceso que la propia Smith describe que consistió de: “Básicamente, un hombre, una cámara, once años.” Son once también los títulos que conforman la discografía de Patti Smith a la fecha, de Horses de 1975 a Twelve de 2007, incluyendo The Coral Sea, el álbum doble que captura la lectura de su poesía, hecha con la compañía del la guitarra de Kevin Shields (My Bloody Valentine). Once títulos que trazan la línea de una trayectoria marcada por vaivenes, por la idea de silenciarse y volver a expresarse sólo cuando hay motivo para hacerlo, siempre fuera de los compromisos que exige la industria musical. Smith hizo cuatro poderosos discos entre ’75 y ’79, y enseguida se retiró a la vida familiar. En 1988 regresó brevemente para publicar Dream of Life, el disco que a la postre inspiraría el nombre del documental, y volvió a esfumarse de la faz de la tierra. Ocho años después, ahora viuda, Smith reapareció para dar seguimiento a una carrera que no se ha detenido hasta hoy para goce de quienes la consideramos la más inalcanzable de todas las cantantes de rock, de todas la poetas del siglo XX.
Escrito por Enrique Blanc a las 16:21
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LA SED DEL HOMBRE LOBO |
04/11/2009 |
Desde sus primeros segundos, Hombre Lobo 12 Songs of Desire, el álbum más nuevo de Eels, atrapa la atención: una guitarra da dos acordes y, enseguida, la voz de Mark Oliver Everett aúlla sin recato. La canción que da inicio al que seguramente es uno de los discos más alucinantes de 2009, se llama “Prizefighter” (Peleador de campeonato) y en ella su autor ofrece una promesa de amistad a toda costa, de fidelidad sin condiciones: “Y bien, cuando te sientas mal y abandonada / Siempre tendrás un lugar a donde ir / Aquí estoy / Un verdadero amigo…” Musicalmente, sus apenas 2:54 minutos, ya anuncian el tono del álbum: el clamor desgarrado y desesperado de quien naufraga en los vaivenes del amor a través de una canción que avanza a paso firme de la mano de un riff circular y el puntual e insistente golpe de una percusión. “Soy un dinamitero. Soy un peleador de campeonato”. Otra virtud que exhibe es su sonido, manipulado por el excéntrico hombre que se hace llamar “E” para que retenga un aire de baja fidelidad, como si su boca estuviera pegada al micrófono mientras canta y los amplificadores a tal grado saturados que alcanza a distorsionarse. Pero como es costumbre en la obra de Eels, el siguiente tema polariza sus intenciones. “That look you give that gay” (La mirada que le das a ese chico) es una balada llena de dolor y resignación, el reclamo que se hace a una enamorada que ha cambiado el rumbo de sus sentimientos. Una vez más, la canción acierta en su tratamiento: guitarra al frente y una base rítmica sencilla, sin complicaciones ni demasiadas pretensiones, apenas para que la voz del personaje de la canción suene natural y por ende verosímil. Con una decena de álbumes en su cosecha particular, la mayoría firmados como Eels, Everett es indiscutiblemente uno de los cantautores más inspirados del rock norteamericano de nuestros días. El solitario barbado que gusta identificarse con freaks e inadaptados no sólo ha elaborado una obra sólida, también una personalidad singular que pareciera salida de una cinta de los hermanos Coen. Su primer disco como Eels, Beatiful Freak (Hermoso fenómeno), es de título elocuente. El segundo, Electro-Shock Blues, parte del luto que le representó tanto el suicidio de su hermana como la muerte de su madre. Dos discos que dieron a conocer a un raro escritor de canciones que no escatima en considerarse fuera de los márgenes sociales y que utiliza a manera de exorcismo sus propios fracasos, pérdidas y temores. Oscilando entre baladas inoculadas de nostalgia y canciones rítmicamente más intensas, Everett resuelve su Hombre Lobo con oficio, abordando su preocupaciones centrales como el sentirse desarraigado del mundo moderno. Y así lo expresa en la letra que cierra el disco, de nombre “Ordinary Man”. En ella escribe: “Bien, es otro día tibio / En la ciudad de los corazones helados / Que termina antes de comenzar / En su laberinto (…) Y tú pareces ser / Quien podría apreciar el hecho / De que no soy un hombre ordinario.” Reflexión y deseo parecen ser los polos que rigen a la bestia mutante de Everett, la cual entra y sale de la narración del álbum, particularmente en otras dos canciones que recuperan el tono de “Prizefighter”, obligando, a que los aullidos sean de nueva cuenta el dramático medio de expresión del cantante. “Tremendous Dynamite” (Tremenda dinamita) es una de ellas, acaso la más radical del disco, en la que él exclama en su primer verso: “¡Yo soooy, el hombre lobo!”. Y “Fresh Blood” en la que se esclarece la metáfora que palpita detrás del concepto del álbum: el deseo de este antropoide, su alimento, es la sangre fresca: “La luna brilla en el cielo de otoño / El frío arrecia y las hojas todas mueren / Estoy más solo que nunca / Ayúdame a salir de la forma que tengo / Después del incendio, antes de la inundación / Mi dulce niña, necesito sangre fresca. / ¡Auuuuuuuu!!!.”
Escrito por Enrique Blanc a las 14:56
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Más vivos que nunca |
19/10/2009 |
Sirva este texto para rendir homenaje a una serie de compositores, todos ellos fallecidos, cuyo legado ha marcado a generaciones más jóvenes y en la actualidad está más vigente que nunca. Dos europeos, dos africanos y un latinoamericano que, a su manera, revolucionaron las música de su región y por ende consiguieron prestigio internacional, en mayor o menor medida. Claro, no compiten con las figuras del pop en cuanto a convocatoria. Pero qué mejor que recordarlos y hacer justicia a su obra en los días en que el bombardeo de imágenes de Michael Jackson ya nos provoca náusea. En lo personal, me parece que estos son los auténticos héroes de la música popular del siglo XX, cuya prioridad artística fue atender su quehacer, aún ante las contradicciones de su propia personalidad y las contrariedades de su tiempo.
Talking Timbuktú de Ali Farka Toure (con Ry Cooder) (World Circuit, 1994) Este bluesman maliense, fallecido en marzo de 2006 y cuyos discos comenzaron a tener distribución internacional a partir de 1986, ha servido de inspiración a los grupos que hoy recrean el blues o la música eléctrica desde las dunas del desierto del Sahara. Proyectos como el exitoso Tinariwen, responsables de una obra que hoy se venera lo mismo en Estados Unidos que en Europa, o bien Toumast, uno de los más recientes lanzamientos del sello Real World de Peter Gabriel, tienen en Farka Toure a su modelo a seguir. Otro de los títulos imprescindibles de su vasta discografía es el póstumo Savanne, disco en el que participa el afamado korista Toumani Diabate.
La leyenda del tiempo de Camarón de la Isla (Polygram, 1997) "Gastos militares pa' resucitar al Camarón", reza una calcomanía que durante algunos meses, criticando la simpatía del presidente Aznar hacia la intervención de Bush en Irak, aparecieron por doquier en las calles de Barcelona. Y es que Camarón, desde su muerte en julio de 1992, se convirtió en el símbolo de muchos músicos jóvenes españoles, tanto de los que recrean el flamenco desde una nueva perspectiva como de los que hacen música de fusión, "mestiza", como también suele decírsele. Conversos de Camarón, cuyo álbum La leyenda del tiempo fuese declarado uno de los cinco más importantes hechos en España en el siglo XX por la revista RockDe Lux, son Ojos de Brujo y Macaco, Los Planetas y Lagartija Nick, La Macanita y la Niña Pastori, cuya exitosa carrera, se cuenta, fue bendecida por la venia del propio Camarón.
Da lama ao caos de Chico Science (Sony Music, 1995) En vida, Francisco De Assis França, más conocido en las calles de su natal Recife como Chico Science, grabó sólo dos discos, éste y Afrociberdelia de 1996, suficientes para alterar el curso de la música brasileña, acuñar el llamado mangue beat y crear una leyenda alrededor de su persona. Si uno visita Recife, en el nordeste brasileño, no hay taxista que no sepa el exacto lugar de la corta carretera que va a Olinda, a donde se dirigía Chico la mañana fatal del 2 de febrero de 1997 donde su auto se volcó. Da lama ao caos contiene el texto impreso del manifiesto ecologista "Carangejos com Cérebro", y catorce temas que a cualquiera le vuelan la tapa de los sesos.
The Best Best de Fela Kuti (MCA, 2000) Este disco doble del incondicional músico nigeriano incluye varios de sus mejores trabajos, incluido "Zombie" su mordaz sátira en contra de los militares de su país. Fela fue creador del afrobeat, una música que hoy en día goza de total vigencia, no sólo porque dos de sus hijos, Femi y Seun, le han dado continuidad con toda dignidad sino porque se recrea en distintos confines del planeta: en Los Ángeles lo hace el combo Antibalas, en España el DJ Floro y más allá proyectos como Tony Allen, Keziah Jones e incluso Zuco 103. En 2002, se editó Red Hot + Riot, disco en el que se rinde tributo al legado de Fela, y en el que participaron, entre otros, Jorge Ben Jor, Talib Kweli, Baaba Maal y Macy Gray.
The Originals de Serge Gainsbourg (Verve Fontana, 2006) Son incontables las recopilaciones de la obra del singular francés que ofrecen una visión particular de la misma, la que ha inspirado a otra serie de cantores más jóvenes destacando a Benjamin Biolay, Arthur H y Vincent Delerm. Puntual, The Originals no olvida clásicas del repertorio imprescindible de Gainsbourg como "Je t'aime… moi non plus", "Ballade of Melody Nelson", "Bonnie & Clyde" y "Good bye Emmanuelle". Ese mismo año, varias figuras del rock aportaron versiones en inglés de temas clásicos del cantante para Monsieur Gainsbourg, en el que participan Jarvos Cocker, Portishead, The Kills y Michael Stipe, entre otros. En ambos discos, por cierto, Gainsbourg aparece en la tapa acompañado de su musa inspiradora, la inglesa Jane Birkin.
Escrito por Enrique Blanc a las 19:10
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Enrique Blanc
Tres textos que han aparecido publicados en el suplemento Ocio del periódico Público. Escucha Sospechosos comunes. De 11:30 a 1:00 de la tarde, en el 104.3 de FM o a través de la red en: www.radio.udg.mx
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LO QUE LEO:
En su número más reciente, la revista británica Uncut publica su lista de los 150 discos de la primera década del nuevo siglo, resultando White Blood Cells el más celebrado. Detrás de éste viene Love and Theft de Bob Dylan y, enseguida, A Ghost Is Born de Wilco.
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ESCUCHANDO:
Beware / Bonnie "Prince" Billy (Drag City, 2009) Prolífico e inspirado, Will Oldham, ahora conocido en el ambiente musical como Bonnie "Prince" Billy se ha convertido en el referente más importante del resurgimiento del folk. Sin embargo, este álbum incluye también temas que se acercan más al country como "You Can't Hurt Me Now". En sí, varias de las canciones llevan consigo un aire de derrota sentimental o de reconstrucción interna, en ese tono van "You Don't Love Me Anymore" y "I Don't Belong To Anyone" respectivamente. Como acostumbra, Billy trabaja cada disco con una serie de instrumentistas poco relacionados con él, con la sola excepción del también guitarrista Emmett Kelly. Un título más de una afortunada cosecha que desde 2006 arroja dos discos por año, y todos de indiscutible calidad.
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