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Lunes 22
Marzo 2010

 
 

La chica de Ulyses

 
Pollok. Número 2. 1949.jpg (11 Kb)

¿?
20/07/2006

Estoy escuchando a Vinicio Campossela. Cambio de pantalla para comprobar si había escrito bien el nombre y descubro que me faltó un ‘s’. Así: Camposela. Corrijo. Tomo un sorbo del café que tengo al lado y miro las líneas ya escritas, y no es lo que había pensado. Tengo ganas de llorar y no sé por qué: eso, o algo parecido, es lo que habría querido escribir. Pienso en el pasado, en un pasado que está lejos y fue mío. Pienso en el presente de la gente que ya no está presente. Imagino a todos mejor que yo: ¿qué estará haciendo ésta o aquél en este preciso momento? Deseando tener ganas de llorar y no consiguiéndolo, seguramente no. ¿He fracasado?, me pregunto y no sé responderme. ¿Qué es fracasar? ¿Es lo contrario de tener éxito? Pero tampoco sé qué es tener éxito y si me detengo unos segundo, el estar tan lejos, con la ventana abierta, tomando café y fumando, escribiendo en el ordenador pensamientos dispersos con un vago sentido de nostalgia por un deseo frustrado de ponerse a llorar, no tiene por qué calificarse necesariamente como un fracaso.

Estaba leyendo el nuevo libro de cuentos de un antiguo amigo. Y el libro no fue lo que esperaba: me gustaron mucho sus cuentos y pensé que iba a sucederme lo contrario. Tal vez quería que sucediera lo contrario. Hace un par de días leí otro libro de cuentos de otro amigo y no me causaron el arrebato que en otros tiempos esos mismos cuentos me habrían producido. Me alegré primero y luego me puse a llorar; pero hacía demasiado calor, así que me quité la ropa y me miré al espejo. Me gusta mirarme al espejo cuando estoy llorando, atender los movimientos de mi rostro enrojecido, quitarme las gafas y mirar las pestañas apelotonadas por las lágrimas, la pupila vidriosa, las arrugas en la frente, la línea que se forma alrededor de la boca. A veces, la atención que le presto a mis facciones deformadas, corta el llanto; otras, lo intensifica.

Vuelvo a pensar el los cuentos de mis antiguos amigos, pero mis pensamientos no se dirigen a sus cuentos, sino al momento en que pudieron haber sido escritos. Luego pienso en los cuentos de otros escritores que nosotros, los que fuimos en aquél entonces ya perdido, admirábamos y nos recuerdo en ese pasado que se ha quedado tan lejos y tengo ganas de volver, o no haber estado ahí nunca y no estar recordándolo ahora. Pero nada de esto tiene sentido. Tal vez nada de esto es cierto y aquel tiempo fue mi mejor momento en la tierra. Otro paraíso perdido. El ritmo de la música se acelera. Enciendo otro cigarro.

Pienso en una carta que llevo cinco días esperando y no ha llegado todavía. Me pregunto si llegará a llegar o debería dejar de esperarla, o debería escribir preguntando ¿qué paso con la carta que debería haber llegado ya? ¿debería haber llegado ya? Yo quiero ser quien escriba primero, me dijo. Y le creí y le sigo creyendo y no tendría por qué dejar de hacerlo. No estoy segura, aunque es probable que tal vez insinuara la posibilidad de no escribir inmediatamente: voy a tener una crisis, dijo. Debería haberle pedido una fecha exacta: ¿cuánto tardarás en escribirme? ¿cuánto tiempo debo esperar? Escribirá. Sé que lo hará y me muero por saber cuál será el contenido de esa carta.

Empieza a oscurecer y yo preferiría estar pensando en otras cosas. Tal vez debería volver a libro de cuentos de aquél amigo pasado ¿qué estará haciendo ahora, en este preciso momento? Tal vez escribiendo otro cuento. ¿Qué estoy haciendo yo en este preciso momento? O mejor sería, tal vez, ponerme a leer otro libro, armar un esquema para ese ensayo que debería haber comenzado a escribir hace muchos días.

¿Qué pasa cuando no está pasando nada? Ya no tengo ganas de tener ganas de llorar, pero tampoco sé ganas de qué tengo.

Sigue haciendo demasiado calor. Eso no explica nada.

 

Escrito por La chica de Ulyses a las 12:28

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Marea.gif (57 Kb)

No: dos letras
01/06/2006

“pensar en la importancia de la sílaba no” dice la última frase (entre paréntesis) de uno de los mejores poemas de Alejandra Pizarnik, Palabras.

¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar en la importancia de esta sílaba? Me temo que no... Es más probable que hayamos reflexionado sobre los efectos provocados por esta palabra breve: no. Sin embargo son tantas las posibilidades que en ella se guardan: cuántas vidas ha determinado, cuántos rumbos ha redefinido, cuántas historias ha salvado o a cuántas otras les ha señalado su final. Sólo dos letras:

 

- ¿Doctor, tengo cáncer?

- No.

 

- ¿Me amas?

- No.

 

- ¿Has conseguido el billete?

- No.

 

- ¿Fueron tuyas esas cartas?

- No.

 

- ¿Estamos en la lista?

- No.

 

- ¿Vienes?

- No.

 

Una respuesta encabezada por esta palabra, trae una carga negativa inevitable. Vamos, la asociación es lógica: no, es La Negación. Pero cuántas ventanas pueden abrirse sólo después de una negación, de una negativa, de la muerte de una posibilidad.

El tajante título de uno de los libros de la poeta uruguaya Idea Vilariño, tiene estas dos letras: NO. Me levanto, lo saco de la estantería y abro una página al azar. Ahora copio: “Podés creer que nada/ le sirve nunca/ a nadie/ para nada”. Pero el poema que más me gusta, es otro, el número 7: “Decir no/ decir no/ atarme al mástil/ pero/ deseando que el viento lo voltee/ que la sirena suba y con los dientes/ corte las cuerdas y me arrastre al fondo/ diciendo no no no/ pero siguiéndola”. ¿Cuál de los dos tiene más signos negativos?

Parece que la palabra no, llevara dentro de sí alguna forma primitiva de la muerte, un anticipo o un desenlace de ella. O que otro de sus rincones, le sirviera de casa al vacío: nadie, nada, nunca.

Es difícil usarla, ¿verdad? Responder con un simple no. Tantas veces, si sólo hubiéramos pronunciado esas dos letras, habríamos evitado tanta destrucción (propia y ajena); habríamos evitado que se reproduzcan las negativas, que sigan levantándose muros, abriéndose puertas hacia otros abismos.

Mirar al espejo, decir NO. Luego, darse la vuelta y hacer no.  

Escrito por La chica de Ulyses a las 12:53

Comentarios (6)

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Figure Stylisee by Pablo Picasso.bmp (317 Kb)

Necesitar conjugado en primera persona del singular, o de las formas de un mismo error
19/05/2006

Tengo un agujero en algún vacío del alma; y otro, en los ojos. Entra y se extiende el dolor del uno por el otro. Hacia fuera, sólo salen lágrimas; pero ellas no dicen nada: son como las palabras: nunca alcanzan. Necesito del Mundo Real. Lo necesito con urgencia. Necesito dosis, y no pocas, de cariño, de protección (:una  mano sabia que me quite la máscara de un tirón: una mano amable que impida mi mentira: la mujer-de-hierro no existe, a pesar de lo perfecto de mi interpretación)(mis esfuerzos por hacer de ese rostro de madera y hierro, mi rostro, han conseguido el efecto buscado)(el problema es que yo soy incapaz de creerlo, de creerme, de creer lo que hago creer, tan bien; y todos creen). Necesito tantos cuidados. Necesito la abolición de la velocidad para dar uno, dos, tres pasos en cuatro siglos y luego sentarme y apoyar la cabeza en el regazo de un cuerpo amado. Y dejarme querer. Permitir a la llave girar hacia el costado donde se abra. Se abra ¿qué? No sé. Tampoco importa. Que se abra algo, como la mujer, las mujeres abiertas, de la/s que habla Piglia en ese cuento. Necesito unos labios que rocen mis ojos. No para besarlos, sino para hacerlos visibles, para otorgarles el derecho de ver, para quitar mis manos de ellos, para impedir protecciones dañinas. Para ver, simplemente, cómo se ven las cosas después de un beso sobre los ojos abierto y húmedos. Ojos de mujer abiertos y húmedos (vaginas de mujer abiertas y húmedas: esto es más fácil: el miedo previo no es necesario). Necesito una amiga amable y arriesgada. Una chica que no me tome tan en serio, que se ría después de mis frases demoledoras y despierte a ese animal adolescente y masculino que se perdió dentro de mí, justo cuando debía salir y yo estaba bloqueando la puerta de salida. No, no era yo; era aquella otra que hay en mi. Una de ellas: tal vez la niña-buena que se ocupa de mantener las formas (las formas formadas); o tal vez esa niña-tardía, preocupada por eliminar los tropiezos de una rebeldía mal entendida, de los que de todas maneras sería víctima; o sino, esa niña-negada, forzando la impostura de una madurez que ya está de vuelta de todo, cuando en realidad no supo caminar en la calledeverdad, ni a la esquina más próxima: vive sólo de referencias ficticias.

No no no no no: este debería ser un espacio para el desenfado: hablar de política internacional, de los males de la sociedad de consumo, de los daños irreparables que la globalización está haciendo en nuestras almas ciudadanas, aparentemente ya tan perdidas. O hablar de sexo sin que los colores se suban al rostro. O hablar de libros, de películas, de cuadros que jamás en visto en vivo (:cuadros bajados de una página de internet: sociedad  mediática y consumista: sociedad desalmada: gente que ha perdido el sentido de la soledad: blog para que se los trague el viento: ¿quién lee esto? ¿por qué? Pero sobre todo: ¿por qué escribo esto?¿para quién?: botellas llenas de palabras lanzadas a un mar virtual, internautas sin alma, como yo, añorando épocas lejanas –ya perdidas para siempre- donde el tiempo anda más despacio, donde el ser individual era más individual. Basta de digresiones).

No. Este espacio había sido pensado para otras versiones de aquella que a la que me refiero con ese tan gastado YO.

No. Este espacio no tenía que ver con estas miradas nocturnas al ombligo. Escucho Tracy Chapman, ahora mismo; pero ella no tiene la culpa. Mis dedos avanzan y hay otras cosas que de-bo hacer.

Necesito dejar de necesitar cosas imprescindibles.

Escrito por La chica de Ulyses a las 11:52

Comentarios (6)

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Goya.jpg (19 Kb)
La chica de Ulyses

Hubo muchas versiones de Ulyses; pero más son las caras de las mujeres que los amaron, que tal vez aún los aman...

20/07/2006
¿?

01/06/2006
No: dos letras

19/05/2006
Necesitar conjugado en primera persona del singular, o de las formas de un mismo error

Luì Errera en ¿?(26/08/2006 - 21:36)

Gabriel en ¿?(09/08/2006 - 22:38)

mauricio en No: dos letras(09/08/2006 - 12:00)

LO QUE LEO:

En el hospital de ranas

de Lorrie Moore

Otro canto a la única historia aparentemente posible de estos tiempos post-postmodernos que corren: la historia americana. Cuando americana se refiere sólo y únicamente U.S.A (no Norteamérica, que México y Canadá no cuentan, a efectos prácticos, en ese sector). A la Lorrie Moore la queremos todos, eso queda claro. Basta leer uno, cualquier de sus cuentos de, digamos, Pájaros de América para que aquello quede claro. No importa que elle confieso que sólo lee autores nacionales, la queremos porque de alguna manera –todos somos víctimas de nuestro contexto histórico (entiéndase  víctimas por el lado bueno)-.

Familia(s) disfuncional. Adolescentes a punto de dejar aquella fatídica etapa. La historia contada desde un pasado que ha pasado ya el momento en que se despierta del gran sueño americano y se descubre que es una pesadilla, aún en gestación.

Ella cuenta desde lejos en el tiempo, desde la resaca de aquel sueño americano. La adolescente flacucha y fea y la amiga, guapa, popular, la-amiga-que-liga. La historia de un pasado que se ha quedado definitivamente atrás. Las búsquedas encontradas y nuevamente perdidas ante el mínimo choque con la realidad. La que fue adolescente feucha y se convirtió en joven exitosa para acabar en un matrimonio mediocre y desencantado. Es muy bonito ese momento cuando habla de fin de amabilidad en las grandes ciudades; o de su imposibilidad en ellas, de lo fácil que es caer en el egoísmo, en cambio de ritmo de la vida, los afectos, los recorridos variables hacia un éxito ficticio; porque las máscaras del american way, acaban destrozándose con la llegada de los años, de los ojos, de las preguntas ya formuladas en la juventud, aunque siempre postergadas. La inhumanidad inevitable...

Una novela para leerla en un sábado por la tarde y tal vez un poco de domingo también. El placer –de fin de semana- garantizado. Pero hay más, también hay otras posibilidades, hay otros circuitos y otros países y otros continentes. Hay otras realidades y otros lenguajes para nombrarlas.

Leer el hospital de ranas, fue una experiencia gratísima, sin duda; pero la conciencia sabe el mundo sigue siendo cada vez más ancho y más ajeno; que los márgenes de la globalización, todavía guardan –o deberían guardar- otras formas posibles desde donde observar esta realidad que se pretende tan única cuando está tan lejos de serlo. Afortunadamente.

 

El hospital de ranas.bmp (16 Kb)
ESCUCHANDO:

Omaggio a Federico e Giulietta

(Caetano Veloso)

Omaggio a Federico e Giulietta.bmp (22 Kb)

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