THE ARCADE FIRE - Neon Bible (Merge 2007) |
22/05/2008 |
Algo singular desata la música de Arcade Fire, algo que gran parte de las bandas de la actualidad son incapaces de recrear; una sincera, visceral y duradera catarsis. Sucede que somos transportados a otro mundo en cada uno de sus temas, uno donde se respira nostalgia y vida, donde la urgencia, la impotencia, la verdad y la amargura se enfrentan o mejor dicho impactan en un sonido estrepitoso que lo sumerge a uno y pareciera convertirnos de paso en un personaje más entre sus historias de escape y lucha, historias donde afortunadamente y luego de mil infortunios, el amor prevalece. Sucede que todas estas características se vieron engrandecidas en su LP debut Funeral, y para ser totalmente francos, se dan también en el Neon Bible. Y con esto no digo que los Arcade estén repitiendo la fórmula. Para nada. Los riesgos son otros, ya que el tono en conjunto de los temas es mucho más sombrío y menos accesible que su anterior esfuerzo, aunque igual de inclasificable.
Con Black Mirror, tema de arreglos de piano minimalistas que le otorgan un aura alarmante y misteriosa, uno recae en esa fuerza vital inicial. A ésta le sigue la desesperación de no saber donde se encuentra uno, con la genial Keep the car running. Para este punto el corazón ya ha empezado a hincharse y difícilmente no se siente expreso deseo de reventar contra todo para cuando se llega a Intervention –uno de los mejores surcos del disco-. Allí se resumen todas las características de su música; saturación sonora de toda clase de instrumentos acústicos, uso de órganos, coros casi gospel, campanas, todo reventando en un clímax donde el sufrimiento es la regla; "You can taste the fear (…) / Working for the church while your family dies / Little baby sister gonna lose her mind / Every spark of friendship and love will die without a hope". ¡Y la voz de Gerard Butler! En cada canción te arranca el corazón para estrujártelo y luego volvértelo a meter por la boca. Inclusive las intervenciones vocales de Régine Chassagne - disminuídas en comparación al Funeral-, son sumamente intensas, exactas, como en la cambiante The Well and the lighthouse o en No cars go. Es como si los chicos hubieran afinado la puntería en estos años haciendo que sus palabras sean decisivas, como una bomba de tiempo.
Con este segundo disco se vuelve obvio que Arcade Fire no pretende hacer una música complaciente. Ellos se encuentran en el límite de la experimentación, ese límite donde el sentimiento y la sinceridad con uno mismo valen más que todo reconocimiento. Y si bien ya se han ganado a toda la crítica, además de obtener cierto status de banda de culto, con esta entrega reafirman su compromiso de estar tocando para su tribu, aquellos que se ven inmersos en sus fantasías.
Más que admirable. Luego de varias pasadas, uno termina preguntándose: "¿de esto no era en un principio de lo que se trataba toda música?".
(extraído de Freak Out!) Escrito por Oliver Glave a las 6:29
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JOAN AS A POLICEWOMAN - Real Life (Reveal, 2006) |
21/05/2008 |
Cada cierto tiempo reaparece en escena una cantautora que engloba todas características de la divinidad; letras intimistas y a la vez conmovedoras, autoconocimiento, reflexión, ningún temor a rabiar verdades, pero sobre todo, seres que aspiran a la comprensión humana por medio de la música. Hablo de mujeres que captan los anhelos e inquietudes de toda su generación y que los devuelven intensificados en inusuales cánticos de esperanzo o furia. Lo fue en su momento Joni Mitchell, con discos como Blue o Count & Spark, lo fue también Liz Phair para la generación indie con su Exile in Guyville. Me atrevería a decir que Joan Wasser y su nuevo proyecto Joan as a Policewoman ha tomado la posta, cortando de raíz con anteriores nexos musicales.
Sí, es un disco difícil de escuchar. Y es que uno está tan acostumbrado a devaneos hip-hop, emo o reggaetoneros, que se hace arduo asumir una música tan distinta. Joan ha reinterpretado una escuela musical que hoy no tiene cabida en la mayoría equipos, desde las voces clásicas del gospel y el soul, hasta influencias del blues con ligeros matices de electrónica que, asombrosamente solo se intuyen, pues su obra es tan personal que no se puede rastrear una influencia única.
El siempre delirante piano, desafiando en armonías, los cambios de ritmos sincopados, el bajo sufriente –como si le pesara el corazón- de la guapa Rainy Orteca, y la soberbia voz de Joan a capella en temas como Real Life lo dejan a uno sin aliento. I Defy a dúo con Antony and the Johnsons, Flusches chest y Save me son una ligera muestra de como esta mujer canta como los ángeles, pero las verdaderas joyas son las sublimes Eternal Flame, The Ride, y la absorta Anyone.
Cualquiera que haya buscado sus discos u observado sus videos en Youtube, podrá apreciar la sinceridad que emana. Una voz es real, sin artilugios de estudio, nacida del estómago y del corazón. Ella reencarna hoy por hoy, la antitesis, la antípoda por excelencia –no sólo musical- de todas las Fergies y Gwens del mundo juntas.
Me queda claro por qué Joan se mantiene hasta ahora como una cantante independiente y casi de culto. Simplemente es demasiado buena. En una época musicalmente corrupta como la nuestra, la verdadera belleza, lejos de lo comercial, es como una rebelión. Y ella es una de sus abanderadas. Sus temas lo hacen a uno meditar sobre la propia vida, sobre la soledad en la que irremediablemente nos vemos sumidos -pero que pocas veces queremos ver-, y lamentablemente hoy en día, eso no vende (Ojo: en el 2007, se reeditó Real Life con diversos bonus tracks). Escrito por Oliver Glave a las 2:0
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