MANUEL MARTIN AGUADO |
13/05/2007 |
POESIAS DEL POEMARIO -SUEÑOS DE ALEJANDRÍA- POR EL
ESCRITOR ( MANUEL MARTIN AGUADO )
Hay una realidad que arrastra mis pasos
una herida abierta multiplicada por dos
anotada en cuadernos para que la luz solar
no avive el incendio de este mar en calma
instalado en las sombras oníricas de lo irreal
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Las palabras marcan las pausa
entre la soledad y el viento
espacio donde el artista
cabalga en duelo
para hacer de la llama
una dulce vela
que aclare las voces perpetuas del escriba.
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Luna triste
la que sucumbe al olvido
al rígido ayer hundido en la mar.
La que no espera al alba mordiente
arrullando su desnudez.
Perpleja e inflexiva se deshoja
como el pájaro que deja de cantar,
como la ola que ya no rompe en las costas
o las flores que ya no brotaran.
Luna triste
la que no completa el libro,
la que muerde la manzana de la muerte.
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Nací artista para pintar los labios de sombras
de sueños acompañados de tus besos enamorados.
Nací artista para barrer tus carnes de tu muerte
y escribir despacio para alardear de mis ansias
y acariciarte con las palabras de mis manos.
Nací artista para vislumbrar el túnel oscuro de tu pasado
aterrizando en tu presente al revés
sin más animo que un tropel de esperanzas y fracasos.
Nací artista para desvelarme en las noches
pensando en la nada con el viento en la mano.
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Quiero navegar a vela sobre mis sueños
fundir mis palabras entre los vientos
desenterrando nombres de un pasado remoto
bajo un viento blanco.
Quiero ser el recuerdo de un viento azul
mirar frente a mi ventana y encontrar a mi viejo árbol gris
con sus raíces profundas y alargadas.
Siento la noche blandir sus campanas rojas
y a atenea derramar su amor sobre la arena del mar
mientras las palabras se venden en los mercados
emergiendo de sus sabanas negras.
Quiero sentir el silencio en mis venas y el ulular del viento en las noches más cerradas
al alcance de mis dedos.
Y escuchar el sonido de mi pecho en la distancia
Y el eco de mi mortalidad
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Nada se pierde
ni el tiempo
ni las horas repartidas por el aleteo de un árbol sin hojas
ni el párpado mortal sin fragancia.
Si te dijeran
que las campanas no tienen sonidos para los encuentros
vacíos
diles que el silencio guarda en el crepúsculo
las lagrimas de su llanto.
Que nada se pierde,
ni la imagen desnuda de una mujer
ni los sueños guardados en un armario
ni el resplandor de una noche sin oscuridad.
Nada se pierde en la quietud de los bosques,
porque ellos han aletargado el tiempo en sus veredas
dormido en la memoria del tiempo
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Regálame el silencio de tu amistad
Las palabras de tus labios
La herida de tu pecho
La muerte prematura de tus células frente al mar.
Regálame el tímido despuntar del alba en tu ventana
Tu mirada en mi mirada
El vuelo de la libélula en la brisa de tus sueños
La libertad de tu sonrisa en la verde hierba.
Regálame una noche donde las palabras sean eternas
Y la luz del mediodía bese la sangre de tu boca pintada.
Regálame una noche donde
Tu mirada en mi mirada
Sea solo el sinónimo de amistad.
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Escrito por arthursl a las 22:38
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