Este espacio se parece un poco a la Sagrada Familia porque se encuentra en permanente estado de construcción/ampliación, por la estima que profesamos a los autores en “nómina” y porque acogemos con los brazos abiertos a todos los turistas (bueno, a los que nos visitan desde el respeto y sin spam). Como veis abajo, la lista la integran jóvenes ilustradores, narradores de éxito/calibre, editor con prestigio, cineasta reclamado en Hollywood, dos fotógrafos que respiran por un obturador y varios compositores que saben cómo contar historias (musicadas o no). Eso, de momento.
Pasamos la mitad de nuestra vida durmiendo y la otra mitad esperando en un aeropuerto. Ese lugar extraño con fronteras a todos los países. Más parecido cada vez a un centro comercial y menos a un apeadero de promesas. Me gustan l
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Varsovia, hace unos días. Tibia la noche de primavera en un agradable restaurante al socaire de la muralla que rodea el Stare Miasto, la Ciudad Vieja. Las pintas de litro, rebosantes de cerveza, las fuentes repletas de carne se despliegan sobr
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He empezado los dos últimos textos del blog con quejas, confesando cómo me encontraba. Se puede ser de todo menos cansino, dice lo manchegón. Mis emociones eran verdad y las solucioné escribiendo. Me serví de ellas
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Todo empezó con el ocio. No con el tiempo libre sino con el ocio, que es todo lo contrario; en pocas palabras: emplear el tiempo libre en trabajar para otros. Esos cruceros por el Mediterráneo, esas excursiones –cantimplora en cad
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Esos cruceros por el Mediterráneo, esas excursiones a los parques temáticos, las comidas de verano, las colas de los domingos en los museos
La exposición del ganador del Premio PHotoEspaña OjodePez de Valores Humanos en Fnac Callao
Pasamos la mitad de nuestra vida durmiendo y la otra mitad esperando en un aeropuerto. Ese lugar extraño con fronteras a todos los países.
Hasta los veintisiete años August Zollinger no había desarollado ninguna profesión u oficio –ni siquiera alguna actividad esporádica que pudiera considerarse de beneficio público-, motivo por el que todos en Romanshorn, población de la que era oriundo y de donde nunca había salido, se asombraron mucho el día en que el joven Zollinger clavó sobre la puerta de su casa un letrero en el que, con caracteres de gran tamaño, podía leerse la palabra “IMPRENTA”
(‘Andanzas del impresor Zollinger’, de Pablo D’Ors. Ed. Impedimenta)