Me llamo Antonio Luque y nací en Sevilla en 1970. Por suerte vivo en Málaga y escribo canciones. Si escribo otras cosas es sólo para que se conozcan más las canciones. He grabado cientos de ellas, pero me gustan sobre todo las de los dos últimos discos. Sacaba sobresaliente en lengua. En clase de música nos echaban al recreo. Así me luce el pelo.
Publicación: 20/02/2012
Otro disco de Chinarro. Y van... Ni yo lo sé. Tendría que contarlos, y me da pereza pasar por ese túnel del tiempo cada vez que hago públicas mis canciones. Entre otras razones, compongo para saber por dónde voy y por dónde voy a ir, no por dónde pasé. Esta vez es doble. El primer doble. Doble en vinilo, sencillo en CD: alguna ventaja tenía que tener este formato que tan revolucionario fue. Aunque para revolución la de Telefónica, ¿verdad? Dadme un ADSL y moveré el mundo: haré de él MOJAMUTILANDIA -con permiso de los chanantes-. Un inmenso patio de vecinos y vecinas. Un recreo abandonado. La antesala del botellón interminable. Un cursillo acelerado para nuevos drogadictos de festival. Toda revolución tiene sus víctimas, desde luego. Pero todo sea por la revolución.
¡Vaya hoja de promoción que va a quedarme! Me lloverán los insultos.
No importa: me gusta que quede claro qué es eso de la libertad internáutica.
Leí en el blog de Blas Fernández, periodista sevillano que entrevistó a Sr. Chinarro por primera vez, en 1990, en Radio Aljarafe, que al anunciar él un nuevo artículo en el periódico para el que trabaja, el Diario de Sevilla, sobre no sé qué disco reciente de Sr. Chinarro, alguien le reprochaba que se repitiera: “¿Oootra vez Chinarroooo?”. Se da por hecho que hacer música en España, en especial si es pop o rock, es apenas un entretenimiento de chavales (chavalas pocas) que antes era oportunamente interrumpido por el servicio militar y ahora debería ser abandonado por el sentido común de los buenos ciudadanos: se da por hecho que el Estado, el Estado en el que estamos, es suficientemente bueno y soleado, incluso en plena crisis (los inmigrantes de países realmente pobres se ríen de nuestra recesión, y yo también, porque viví la pobreza “tardofranquista” y sé qué es pobreza y qué es añoranza del consumismo estúpido e insostenible).
Nadie en verdad quiere un cambio, y el artista deja de ser el que con su especial sensibilidad (e inteligencia, por qué no decirlo) otea el horizonte (¿nubes o explosiones?) y cuenta lo que ve venir, aterrado ahora, para convertirse en un comparsa en los mítines juveniles, en el bufón disfrazado, en la orquesta de chimpón, en el putón verbenero o, en el mejor de los casos, en un conjunto de jazz de los años 20 del siglo XX o en afilados quitamiedos rompepiernas: deejays o grupos de hard rock.
¿Cómo es este doble disco? Hablar de música siempre fue un poco tonto, ahora es del todo absurdo: se descarga uno el disco, se oye por encima mientras se hace cualquier cosa que haya que hacer para pagar las mensualidades, se entra en un foro y se ponen cuatro tópicos y catorce
exabruptos: esa es la crítica que nos espera, amigo Blas.
El doble disco es de Sr. Chinarro, eso es todo.

Se grabó en Valencia porque los músicos de Maga que me acompañan estaban atareados con Maga y otros proyectos musicales que tienen (hace falta valor, y pluriempleo), así como Jordi Gil se encerraba en su estudio con los interminables experimentos de fusión flamenca -fuente inagotable la fusión flamenca, por suerte para la industria musical del sur, de la que forman parte los estudios de grabación y bebe el sediento poder autonómico-.
Como decía siempre Franco, no hay mal que por bien no venga:
Había visto a Marc Greenwood tocar con La Habitación Roja decenas de veces. No supe que además de bajista era productor hasta que no me llevó Pablo Maronda a ver y escuchar cómo grababan el disco de Maronda. Fue en un estudio bastante más modesto que el Sputnik de Jordi Gil; era El Sótano, en el bonito barrio del Carmen, en València.
Maronda me envió su disco y el sonido me gustó. Esto de los sonidos es como lo de los colores, ¿saben? Y las canciones me gustaron, dicho sea también. No dudé y me planté en El Carmen con la furgoneta llena de cacharros. Acerté: es el disco que más cómodamente he grabado. Solo faltaba que grabar fuese, además de un trabajo no remunerado, una pesadilla.
Cuando llegué, Dani Cardona, el regente del estudio, ¡había grabado ya las baterías sobre las maquetas que envié por email! Un baterista con
estudio: too good to be true. Marc grabó los bajos (de diecinueve canciones, las que trae el ¡Menos Samba!) de pie, sin descanso, sin fumar, sin beber, sin errores, una tras otra, con su Fender Precission de los 60, de cuando los aparatos se hacían como hay que hacer las cosas, BIEN: el sueño de cualquier empresario, este Marc.
¿No sabíais que un grupo de música es también una empresa? Y un estudio de grabación: es una empresa. Y una compañía de discos lo es.
Y un periódico. Y una tienda de discos. Y Telefónica, ya. Esta es la buena para vosotros, claro. ¿Síndrome de Estocolmo? Venga, decidme lo del nuevo modelo de negocio. ¿Hablamos con Don César Alierta? Eso tendríamos que hacer:
enseñarle los dientes.
Por abaratar, y porque confié en él enseguida, el disco se mezcló en la habitación de Marc, en su casa, con un resultado que da la razón a los que afirman -como he afirmado yo miles de veces- que la mayoría de los caros cachivaches de los estudios de grabación satisfacen más la fantasía acumuladora y el delirio de grandeza -la de todos, el de todos- que nuestras necesidades acústicas; que los estudios de grabación deberían ser sencillos como el radiocasete Sanyo que tuve de niño, pero a lo grande. Claro, eso de las mezclas fue después de que Pablo Maronda grabase sus coros y cantase conmigo, y de que un buen lote de músicos valencianos colaborase activamente y de manera altruista (sin cobrar, vaya) arreglando y grabando los arreglos del disco (fue sorprendente comprobar lo versátil y hábil que es Pau Roca, lo veloz y paciente que es Gilberto Aubán, lo apañados y amables que son los de La Muñeca de Sal con el pedal steel, los trombones y lo que hiciera falta, la habilidad que tienen en Valencia con los instrumentos de viento -en especial Adrián Recatalà y Yolanda Martínez-, pues hay allí en la terreta hay una buena tradición de bandas de música: bastó la primera toma casi siempre). En Mushroom Pillow pueden estar contentos -aunque calculo que en todo caso tendrán que vender unos dos mil ejemplares para recuperar lo invertido, y no sé yo quién paga en España por lo que podemos llevarnos sin hacer ruido ni sacar la dolorosa (la cartera)-. Sí, a veces descargo discos, lo confieso, y sé que mi pataleta es inútil, que el proceso es kafkiano e irreversible. Pero no me prohibís quejarme, ¿verdad? ¿O sí? ¿Estamos ante la demostración de que el anonimato da rienda suelta a lo peor de cada uno de nosotros, de que todos llevamos un führer en nuestro misterioso interior?
Los agricultores tiran los vegetales para mantener los precios, aunque sea verdad que hay hambre. Todos los internautas lo comparten todo menos sus contraseñas wifi, y yo compongo porque me sale del rabo, y grabo porque me pagan las grabaciones. Es así de sencillo. ¿Pueden asociarse los agricultores y, sin embargo, los músicos, más instruidos -se supone-, no podemos? En efecto, así es. ¿Por qué? ¿La bebida acaso?
Lo que no pienso hacer es la pelota al público, porque sí. No soy la Pantojita de Triana (ni Santana).
Bah, no escribo más por hoy, tengo cosas que hacer -escribir, concretamente-. Aprovecho esta tribuna para agradecer a los valencianos que sacaran este lote de canciones del ostracismo de mi portátil, en especial a Marc.
Una grabación de una selección de canciones mías, compuestas entre 2008 y 2011, algunas muy injustamente desechadas en su momento, eso es lo que se vende hoy aquí. Más adelante venderé libros y, sobre todo, conciertos. Descargaos las canciones si no tenéis dinero para comprarlas, yo os agradezco igual la atención (espero que en Mushroom no se enfaden). Y luego canturread en los bolos. Da gusto escucharos. Lo interactivo mola, ¡si lo sabré yo!
Ya sabéis que en persona soy más simpático, en especial si me dan de fumar.
:)
Abrazos.

Presentamos esta exposición en la que el prestigioso autor se sirve de la sátira para ver con rayos X los huesos del sistema.
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Tras ganar el Premio Herralde con su anterior título, publica su segunda novela, 'Gloria mía', a comienzos de mayo.
La carrera de una estrella de cine consiste en ayudar a los demás a olvidar sus problemas. En usar tu encanto, tu belleza y tu jovialidad para hacer que la vida parezca más fácil. "El problema -dijo una vez Gloria Swanson- es que si no lloras nunca en público... en fin, el público supone que no lloras nunca". CHUCK PALAHNIUK. 'AL DESNUDO' (Mondadori)