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La rubia cabeza
Por Pedro Almodóvar
Articulo aparecido en El País el 5 de febrero
del 2003
Por supuesto, me solidarizo con la presidenta Marisa Paredes,
en absoluto responsable de un delito que no se cometió.
La presidenta y el resto de los premiados y presentadores
se hicieron eco de una realidad que está en la calle,
e hicieron uso de un derecho esencial: la libertad de expresión.
Acepto, sin embargo, la cabeza del señor Campoy, presidente
de la FAPAE. Cuando anteayer se anticipó a intentar
calmar al Gobierno ofreciendo la rubia cabeza de Marisa no
lo estaba haciendo en nombre de los productores, de cuya asociación
es presidente, sino a título personal. En esa petición
(la cabeza de Marisa) sólo se representaba a sí
mismo y a su propio miedo.
Como espectáculo televisivo, la gala del sábado
puede ser evaluada de distintos modos, pero lo que es incontestable
es la crítica a la política del Gobierno en
lo referente a la guerra contra Irak. Los cómicos queremos
la paz y se utilizó el medio más idóneo,
la primera cadena de televisión, es decir, la televisión
de todos.
En vez de poner el grito en el cielo, el Gobierno debería
prestarle oído a sus ciudadanos, que, cada vez en mayor
cantidad y de modo inequívoco, se manifiestan en contra
de su apoyo a Bush en este maldito asunto.
La rubia cabeza de Marisa debe permanecer donde está,
presidiendo una Academia que más que nunca, en lo social
y en lo político, ha expresado la preocupación
de la mayoría de los españoles.
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