Ciudades
suspendidas al borde del Sahara, trenes de alta velocidad que patinan en
los glaciares, torres que se yerguen en atmósferas de jungla. Una
vida de viajes concebida como un aprendizaje de la libertad en un mundo
exterior donde los turistas juzgan y juzgan, donde nuestra cultura choca
con todo. Porque después de nuestras propias emociones queremos las
de los demás. ¿Y después? Habrá que ser el otro.
Ésta es la lógica del viaje concluido, ésta es la modernidad
y la nueva propuesta de Antonin Potoski en su libro Hotel Amistad.