Álvaro Otero nació en Bueu (Pontevedra) en 1967. Periodista y escritor. Ha publicado, entre otras obras, las novelas Waelrad (1995), Días de Agua (Premio Nostromo 2000), De mar y de muerte (2006) y El esplendor (2010, Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa).
'La destrucción de los judíos europeos', de Raul Hilberg
Para entender en profundidad el origen y el desarrollo del Holocausto hay que leer esta obra magna de Raul Hilberg, profesor judío de la Universidad de Vermont de origen austríaco y fallecido hace ya cinco años. Son 1.400 páginas atravesadas por tanta erudición e inteligencia que convierten su lectura en un intenso placer intelectual, a pesar del oscuro y destructivo delirio que en ellas se narra y desmenuza. Solo un pero: la calidad de impresión de la edición de Akal, manifiestamente mejorable.
Publicación: 26/02/2013
Todo comenzó el 5 de julio de 2011 en uno de los grandes centros de la Cristiandad, la catedral de Santiago de Compostela. Ese día, el arzobispado anunció la desaparición del Códice Calixtino, un manuscrito iluminado del siglo XII que, además de reunir sermones, himnos o piezas musicales, narra el descubrimiento de la tumba del apóstol por Carlomagno e incluye una descripción del Camino de Santiago para peregrinos que está considerada la guía de viajes más antigua que se conoce.
El hurto del Codex Calixtinus desató toda suerte de conjeturas e hizo las delicias de conspirólogos y devotos del Código da Vinci, pero la realidad resultó más prosaica: el 3 de julio de 2012, exactamente un año menos dos días después de la desaparición del Códice, la policía detiene a un electricista, Manuel Fernández Castiñeiras, antiguo empleado de la catedral. En su casa, los agentes encuentran unos dos millones de euros en metálico y, en un garaje cercano, envuelto en bolsas de basura, el Codex.
El hallazgo de la joya bibliográfica medieval, de valor incalculable, se vende como un gran éxito policial, y hasta Mariano Rajoy, olvidando por un día sus peleas con la Troika y supongo que en calidad de comandante en jefe de las Fuerzas de Seguridad del Estado, se desplaza a Santiago para escenificar la entrega del manuscrito al arzobispo. Entrega, dicho sea de paso, a mano desnuda, lo cual desata las críticas de expertos y bibliófilos ante el tejemaneje mediático de tan delicada pieza.
A partir de ese momento, la rumorología local, un poco a la moda literaria, deriva desde el ámbito de las conjuras vaticanas al de las sombras de Grey. Los que presumen de bien informados murmuran en voz baja que en el asunto del códice hay sexo encerrado, y los dimes y diretes van subiendo de tono al ritmo de unos acontecimientos que se suceden a velocidad pasmosa. El 20 de diciembre de 2012, el deán de la catedral, José María Díaz, principal responsable de la custodia del códice, anuncia su dimisión, y apenas unos días después, el 11 de enero de este mismo año, la policía detiene a otro hombre, Fernando Sieira, acusándole de intentar extorsionar al deán recién dimitido con la amenaza de publicar un supuesto video de contenido sexual. La policía revela que Sieira ya había sido detenido anteriormente en relación con una extorsión similar a la baronesa Thyssen, y todo el asunto va adquiriendo ribetes de novela negra, tan negra y tan impredecible que, de repente, entra en escena un personaje inesperado: el propio juez instructor, José Antonio Vázquez Taín.
Taín, ante el asombro generalizado, anuncia la publicación de su primera novela, La leyenda del Santo Oculto, una intriga a caballo del siglo IX y la actualidad que tiene como hilo conductor la vida en la catedral y el propio códice, y donde abundan los robos y las referencias al sexo. En la novela aparecen personajes reales con sus verdaderos nombres, como el fiscal del caso del códice y algunos investigadores –“les hacía ilusión”, dice el autor-, y ante la polvareda que se levanta, el juez, cómodo en su papel de nueva estrella literaria, precisa que lleva trabajando en el libro desde hace catorce años.
Y es entonces cuando llega el giro borgiano.
El electricista, encerrado durante largos meses, sale de la cárcel en libertad provisional y a los pocos días entrega en el juzgado un escrito de quince folios donde, con nombres y apellidos, habla de sexo entre canónigos dentro de la catedral, intercambio de seminaristas, discusiones pasionales, tocamientos varios y robos a tutiplén. Es como si la ficción creada por el juez comenzase a perseguirlo en forma de una nueva realidad que le sale al encuentro y debe afrontar. A los pocos días, los medios, que se frotan las manos con este guión delirante, a la altura de las mejores tardes de mesa camilla entre Borges y Bioy Casares, informan de que Taín ha calificado de “jurídicamente irrelevante” el nuevo escrito del electricista, pero que ha decidido incluirlo en la causa para evitar un recurso de la defensa y, en consecuencia, más demoras en el proceso.
¿Quién ganará esta batalla? ¿La ficción? ¿La realidad? ¿Es el electricista una persona de carne y hueso, o solo un personaje literario que se ha escapado de la novela del juez? ¿Qué fue antes, la novela o el robo? ¿Se le escapó también al juez de la novela, mientras la escribía, la escena del robo y, vagando en la oscuridad medieval de Compostela, se encarnó en la figura de un inocente electricista?
Ahora, mientras me hago estas preguntas, leo en el el diario italiano La Repubblica que entre las razones de la dimisión de Benedicto XVI puede encontrarse el descubrimiento de una trama de sexo y corrupción en el Vaticano…
¿La maldición literaria de Santiago ha llegado a Roma? ¿Ha desatado el juez de provincias la ira de los dioses del Olimpo, esos que castigan a quienes, pudiendo escribir sobre ciertos asuntos, jamás deberían haberlo hecho?
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CARLOS MARZAL ('La arquitectura del aire'. Tusquets)